Hay obras que, sin duda, son necesarias y bienvenidas, como la intervención de la Avenida Simón Bolívar, una de las principales arterias de la ciudad.
Debo confesar que Valledupar, durante los días del Festival Vallenato, deja de ser una ciudad para convertirse en un verdadero reto. Aquí, como se dice popularmente, no hay cama pa tanta gente… y mucho menos vías pa tantos vehículos.
Eso lo sabemos todos. Desde hace años. Y también lo saben nuestras autoridades, aunque en la práctica pareciera que se les olvida.
La versión 59 del Festival de la Leyenda Vallenata, en homenaje al Binomio de Oro, podría ser una de las que más visitantes atraiga en la historia reciente. No es para menos. Estamos hablando de una agrupación que logró conquistar públicos dentro y fuera del país, y cuyo legado sigue vigente.
Ahora bien, el alcalde de Valledupar, Ernesto Orozco, tiene en sus manos la responsabilidad de mostrarle a propios y extraños una ciudad a la altura de su evento más importante. Y en ese propósito hay obras que, sin duda, son necesarias y bienvenidas, como la intervención de la Avenida Simón Bolívar, una de las principales arterias de la ciudad.
Sin embargo, aquí es donde surge la inquietud.
Lo que sorprende no es la obra… es que no se haya previsto su impacto en el evento más importante del año. Una avenida clave intervenida en plena temporada de festival, donde además se realiza tradicionalmente el desfile de piloneras, termina generando un efecto dominó que afecta toda la movilidad de la ciudad.
Ante esta situación, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata y las autoridades locales han anunciado que el desfile se trasladará a la Avenida Novena. Una decisión entendible, pero que inevitablemente traerá consigo un reordenamiento forzado del tránsito.
Sin pretender ser ave de mal agüero, me preocupa el desbordamiento vehicular que podemos vivir este año en Valledupar. Un escenario que, con una mejor planeación, pudo haberse mitigado.
A los ya conocidos problemas de seguridad que enfrenta la ciudad, y que, como es natural, se intensifican en temporada de festival, se suma ahora un panorama de movilidad que podría tornarse complejo. No es solo el volumen de visitantes, es la falta de coordinación lo que termina agravando la situación.
Por eso, aprovecho estas líneas para hacer una recomendación sencilla pero necesaria a quienes nos visitan: si pueden, no traigan sus vehículos. Durante el festival, lo más práctico sigue siendo el transporte público.
Ojalá estos tropiezos sirvieran para corregir hacia el futuro. Pero a veces da la impresión de que seguimos teniendo dificultades para aplicar principios básicos de la administración pública, especialmente en lo que tiene que ver con la planeación.
Porque el problema no es el festival, es que la ciudad no se preparó para él.
Dios quiera que este presagio no se haga realidad.
COLOFÓN: En medio de estos retos logísticos, vale la pena destacar algunos espacios que mantienen viva la esencia cultural del festival. El conversatorio sobre los homenajeados y el festival de canto infantil organizado por el diario El Pilón, lunes 27 de abril a las 9 a. m., así como el evento “La Piquería Patrimonio Oral del Caribe” en la Universidad Popular del Cesar, martes 28 de abril a las 5 p. m., son citas obligadas para quienes entienden que el vallenato no solo se disfruta… también se piensa.
Por: Jorge Naín Ruiz Ditta
