Con el inicio del gobierno de Abelardo de la Espriella, el país enfrenta el reto de conservar los avances sociales alcanzados, fortalecer la seguridad, impulsar el crecimiento económico y gobernar con equilibrio para entregar, dentro de cuatro años, una Colombia mejor7 de agosto de 2026
Hoy se posesiona el presidente electo de la República de Colombia, Abelardo de la Espriella, y los colombianos lo mínimo que esperamos es que, dentro de cuatro años, estemos celebrando recibirle un país mejor del que le entrega Gustavo Petro Urrego.
No tengo dudas de que a muchos ciudadanos y ciudadanas les cambió la vida en los anteriores cuatro años. Se sabe que son millones de personas quienes mejoraron su condición gracias a las mal llamadas políticas asistencialistas, que, a mi juicio, no buscan otra cosa que hacer efectivo el Estado social de derecho. Hoy son más los compatriotas quienes, por lo menos, tienen acceso a un plato de comida digno en Colombia.
Los millones de trabajadores que ganaban un salario mínimo paupérrimo pudieron comprobar efectivamente cómo la voluntad política de los gobernantes puede transformar su existencia con conceptos como el salario mínimo vital, que sencillamente duplicó sus ingresos en solo cuatro años.
Se rompió en pedazos la teoría de que aumentar significativamente el salario mínimo conduciría a un mayor desempleo. El gobierno que termina mantuvo el desempleo en un dígito, en contra de todo pronóstico.
La eternamente cacareada reforma agraria encontró, por fin, a alguien que creó una bolsa común de tierras con alrededor de un millón de hectáreas para entregárselas a los verdaderos campesinos, que son sus dueños y que la volverán productiva, porque no tienen otra opción.
Durante este gobierno que termina, la educación pública recibió históricamente el mejor trato. El salto hasta llegar a un presupuesto de 85 billones de pesos en 2026 nos permite hablar del acceso a la educación superior pública gratuita, beneficiando a más de 900.000 estudiantes, llegando por fin la universidad a más de 200 municipios pequeños del país, lo cual conlleva que más familias pobres puedan apropiarse de este derecho fundamental.
No pretendo en este escrito ser el defensor incondicional del gobierno que termina, ni mucho menos desconocer que también tuvo bastantes desaciertos, que los medios masivos se han encargado de mostrar enfática y con amplitud. Solo diré que en los 35 años de la Constitución colombiana el aspecto social de nuestro Estado tuvo un lugar especial en el gobierno que termina.
Ahora hablemos de lo que esperamos del nuevo presidente.
Yo espero que este gobierno no retroceda en las políticas sociales, así no avance al ritmo de estos últimos cuatro años.
Espero que la seguridad y el orden público, lunar del anterior cuatrienio, sean piedra angular de su mandato, como lo ha prometido el nuevo presidente.
Ojalá que la economía crezca a mayor ritmo y que el presidente ponga al servicio del país sus dotes de buen empresario para dirigir esta gran empresa. Que el PIB se incremente a pasos agigantados, como ha prometido.
Espero que la salud deje de ser un negocio y sea el derecho fundamental que contempla nuestra Constitución, que los dineros de la salud no tomen otro rumbo en manos de los particulares dueños de las EPS.
Deseo también que este gobierno no sea negacionista frente a los problemas ambientales que enfrenta el mundo y, en particular, esta potencia de la naturaleza que es nuestro país. Con eso me conformo, no espero más.
COLOFÓN: Solo me resta pedirle a Dios que el populismo del otro extremo no se agigante en mi patria y que el nuevo presidente no caiga en las veleidades que acosan a muchos gobiernos de América Latina por estas épocas. Presidente, Cristo no le perdonaría que, en vez de dejarnos en cuatro años una patria mejor, pierda la oportunidad de pasar a la historia como el que hizo el milagro. Buen viento y buena mar.
Por: Jorge Naín Ruiz Ditta
